creo que esa frase resume todo el sentimiento que provoca la situación del terremoto del 27 de febrero del 2010. Creo que estamos tan acostumbrados a que lo único realmente "firme" que existe es el suelo, que el hecho de que este mismo nos azote contra las paredes y nos haga golpearnos contra las puertas conmueve y no deja indiferente. Minutos después del movimiento telúrico, escribí una breve crónica con lo que me pasaba por la mente. Necesitaba desahogarme de todo lo que estaba pasando, y una vez más la escritura fue mi salvación. Esto fue antes de saber nada acerca de las consecuencias, sólo yo con una amiga y su mamá sentadas bajo el marco de la puerta toda la noche escuchando las breves e incompletas informaciones de la radio.
La tierra acaba de zamarrearse bajo mis pies. Hace mucho, mucho tiempo que en Chile no pasaba algo así, y la verdad, cuando llegara el momento, yo no quería vivirlo. Definitivamente no estaba preparada, y no es para menos, ya que predecir algo así es prácticamente imposible, y realmente aún tiemblo. Mi familia era la prioridad, y ahora que recibo la horrible noticia que las calles se caen al vacío al cortarse un puente en una transitada avenida de Santiago. Más nerviosa no puedo estar, y solamente espero que mi viejo haya oído mi consejo de NO venir a buscarme. Es verdad, no estoy en mi casa. Y estoy nerviosa. Mi familia está bien por suerte, sólo perdimos los peces de mascotas, pero mis hermanos chicos ya están bien. Estoy ansiosa, impaciente, temblando con las réplicas y pensando que todo esto parece digno de una película del fin del mundo. Y además de fuerte, fue largo, malditamente largo. No sé nada de mi abuela ni de mis amigos, pero espero que estén bien y que mi mamá haya logrado contactarse con sus padres y lo mismo para mi papá. Una vez más, nunca pensé que algo así me iba a pasar a mí. Los cuadros se cayeron, los vidrios se reventaban y apenas podías caminar por los pasillos. Solamente nos queda reírnos un rato para pasar el mal trago, y de verdad agradezco haber alcanzado a llamar a mi familia antes de perder definitivamente la señal. Y así estamos, con mi amiga y su madre, saltando ante cada ruido y ya definitivamente ignorando las suaves réplicas que quizá incluso sean fruto de nuestro estado de nervios. Ahora sólo me queda escuchar las noticias, sentadas en el vano de la puerta y conversando de desastres y nuestra situación, de lo que debemos y no hacer y hablando y hablando para no perder el temple. Miedo es lo que sentimos, y no es para menos, ya que estas cosas no se predicen. Aún así, nuestro instinto nos lleva a conversar y relajarnos, a pesar de habernos enterado que la graduación fue de nada más y nada menos que de 8.5. sin internet ni teléfonos, tenemos que confiar en el destino, la fe o lo que sea, al menos la suerte. Dormir en el living, de verdad, parece ser la mejor opción.
Sip, fue terrible. La tierra denía deseos de bailar un poco u.u nada más que su danza es un tanto catastrófica e incomprendida D: Yo estaba ahí cuando escribiste esto xD Realmente fue una loca experiencia u.u nunca lo olvidare! ahi estare en muchos años con mis nietecitos contándole que pasé un terremoto con Dios... me mirarán con asombro xD
ResponderEliminarY si, tu banner es muy genialoso *-*